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Decía… “Las 5 reglas para la vida”

De pequeño tuve la oportunidad de trabajar en la cocina de la mejor chef del mundo, mi tía Maggy. O al menos así era para mí, porque la vida se basa en percepciones y cuando tienes 5 años, trabajo no es un concepto que interese y el mundo que conoces es en el mejor de los casos, limitado.

Pero analicemos un poco, aunque no tenía un sueldo bien pudo ser uno de mis primeros trabajos, donde realizaba “una actividad que requiere esfuerzo físico o intelectual”. Y al día de hoy con un entendimiento un poco mayor pero aún minúsculo mantengo que era la mejor cocinera del mundo (estudio realizado por mi paladar y publicado como mi opinión).

Percepción – Manera en que una persona percibe o comprende algo.

Oxford Languages

Y hablando de percepciones, me cuesta mucho trabajo entender que muchas personas van por la vida buscando RECETAS de vida. Tomándose todo literal y queriendo hacer las cosas paso a paso exactamente como las hizo otro. Pero esto me lo enseñó mi tía Maggy en la cocina… las recetas son guías, pero el sabor lo pone el cocinero en el momento. Importan los ingredientes y las medidas, pero también importa el estado de ánimo de la persona, “cuando lo haces para alguien que amas y estás feliz sabe más rico” me decía.

Y sinceramente creo que así es la vida, debemos aprovechar esas recetas que vamos encontrando o que otros nos van aconsejando… pero lo más importante es que debemos hacerlas nuestras, ponerle nuestra sazón, hacerlo con amor, y ser felices. Para que todo sepa más rico hay que cuestionarse las recetas de vida y ponerles nuestro toque.

Por ejemplo me encontré esta receta que decía…

“Las 5 reglas para la vida”

1. Puedes empezar de nuevo, siempre.

Y estoy completamente de acuerdo con todo, menos con el siempre, ¡esa palabra tan conflictiva y engañosa que convierte posibles en absolutos! Es más, apoyo tanto esta idea que hace algunos años grabé en mi piel un símbolo que representa los “nuevos comienzos”.

Creo que se vale descubrir que algo no te gustó, se vale equivocarse, se vale querer algo nuevo, se vale llegar a un punto en el que no quieres/puedes seguir, se vale empezar de nuevo.

Creo que se vale empezar de nuevo casi siempre pero casi nunca se vale empezar de nuevo desde cero. Empieza de nuevo, pero no olvides la razón de empezar de nuevo. Empieza de nuevo, pero antes analiza bien tus opciones para no arrepentirte. Empieza de nuevo, pero antes piensa en lo que perderás al hacerlo. Empieza de nuevo recordando los fracasos y los errores, para que aprendas de ellos. Por favor, inténtalo hasta que triunfes o hasta que realmente la mejor opción sea empezar de nuevo, pero primero inténtalo. Posiblemente tendrás que intentarlo más de una vez y usar esos como no hacerlo, esos momentos, esos ciclos, antes de triunfar.

Para que fueran reglas para la vida, yo diría “Se vale intentarlo las veces que sea necesario, hasta lograrlo o hasta decidir que lo mejor es empezar de nuevo”.

2. No tienes que probarle nada a nadie.

Nada, nadie, otras palabras terriblemente conflictivas que eliminan la posibilidad de alternativas o matices. No coincido, es más, creo que puede ser sumamente peligroso el pensar que esta podría ser una regla, porque cuando nos enfrentemos a la realidad será muy doloroso.

Hay un montón de cosas que debemos probarnos a nosotros mismos, a nuestros padres y familias, a nuestros compañeros y maestros en la escuela, pero donde esta receta absoluta chocaría más duro contra la realidad es al convertirnos en parte de la economía, al trabajar. Ese entorno donde para obtener un empleo debes probar que tienes las cualidades o credenciales necesarias, y para mantenerlo debes probar que lo que dijiste es real.

Para ser médico hay que demostrar que entendemos el cuerpo humano y somos capaces de ayudarlo a sanar, para ser ingenieros también tendríamos que demostrar cualidades y conocimientos. Para conseguir la confianza de alguien tendremos que demostrar, para ser pareja tendremos que demostrar, para obtener un aumento de sueldo tendremos que demostrar, para ser libres tendremos que demostrar…  pasaremos buena parte de nuestra vida demostrando. Pero puedo coincidir en que existen alternativas y no porque alguien diga que puedes o no puedes hacer (o decir, o pensar, o lograr) algo estás obligado a demostrarlo.

Para que fueran reglas para la vida, yo diría “Muchas veces tendrás que demostrar cosas en la vida, para obtener los beneficios, pero no estás obligado a probar nada que no quieras”

3. Nunca te quedes con la duda.

¿Qué nunca escucharon frases como “la curiosidad mató al gato” o “No preguntes si no quieres saber la respuesta”? Los nuncas y los siempres son muy complicados.

Creo que al mundo hay que cuestionarlo, creo que debemos ir por la vida buscando las preguntas y construyendo las respuestas. Creo que debemos fomentar la curiosidad, respetar la privacidad y alentar el conocimiento. Pero a veces no encontraremos las respuestas a nuestras preguntas cuando lo deseamos, en ocasiones no llegarán esas respuestas y por salud mental debemos entender y aceptar eso. Así que a veces podría ser bueno quedarse con la duda.

Para que fueran reglas para la vida, yo diría “Cuestiona mucho, analiza el doble. Construye preguntas y trabaja las respuestas”

4. Siempre hay algo por lo que estar agradecido.

Aquí sí me gusta el “siempre”. Para los que digan “pues ¿quién te entiende?” vean que entre el nunca y el siempre hay muchísimos matices, por eso hay que usarlos con mucho cuidado, no SIEMPRE son malos. NUNCA digan nunca.

Pero que contexto tan distinto. Cuanto positivismo en este siempre, para encontrar que agradecer, para no andar buscando lo malo, para entender, para crecer. Ser agradecido es mucho más que decir gracias, es esencial para apreciar y disfrutar plenamente la vida. Tenemos que mirar hacia el exterior, a los demás y también al interior y darnos cuenta de todas las cosas. Ser agradecido es dejar de ver todo como un problema para tomarlo como una oportunidad.

Para que fueran reglas para la vida, yo diría “Nunca olvides que siempre hay algo por lo que estar agradecido”

5. Donde el alma sonría, ahí es.

Cuanta belleza en tan pocas palabras. ¿Ustedes también pensaron en alguien? ¿pensaron en un lugar? ¿en algo más? ¿o en ustedes mismos?

Vale la pena trabajar por nuestra felicidad, por el amor, por la satisfacción, pero que esta búsqueda no dañe a otros porque rompería la belleza del logro.

Yo diría que esta regla me dejo el alma sonriente.

Y espero que esto dejara a su cerebro incómodo y su alma sonriente.

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